En el caso de los pacientes con VIH, asumir hábitos de vida saludables es incluso más importante que en la población general, ya que los pacientes con infección por VIH en terapia antirretroviral conviven, además de con anomalías de la distribución de grasa corporal, con otras patologías asociadas como la dislipemia y resistencia a la insulina.
Colesterol y triglicéridos
El colesterol y los triglicéridos son dos tipos de grasa -o lípidos- necesarios para un funcionamiento óptimo de nuestro organismo, pero un exceso o defecto pueden propiciar el desarrollo de complicaciones no deseadas.
En personas con VIH, la propia infección, la coinfección por hepatitis C, si es el caso, y el tratamiento antirretroviral favorecen la aparición de estas alteraciones, que se solapan con las propias de la edad y que tienen que ver con la forma en que nuestro organismo procesa las grasas y los azúcares.
Es importante que nos midan el colesterol y los triglicéridos antes de iniciar el tratamiento antirretroviral y, posteriormente, con cierta frecuencia. Para que los resultados de estos análisis sean fiables, es necesario acudir en ayunas a la extracción de sangre.
Si obtenemos un resultado elevado de colesterol total, nos pedirán otro análisis para comprobar los niveles de dos tipos de colesterol: el HDL y el LDL. Aunque muchos médicos ya lo piden todo de entrada.
El colesterol HDL se conoce también como colesterol 'bueno' porque elimina la grasa de las arterias. Es conveniente que esté en concentraciones por encima de 40 mg/dL.
Por el contrario, el colesterol LDL o 'malo' debe mantenerse en concentraciones por debajo de 180 mg/dL. Esta molécula lleva grasas desde el hígado a otras partes del cuerpo, y su exceso puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
Dieta y ejercicio
Puedes mejorar los niveles de colesterol y triglicéridos reduciendo las grasas saturadas y el colesterol en tu dieta, así como el alcohol y el tabaco..
La ingestión de alimentos ricos en omega-3 (como el pescado azul) o de suplementos de dichos ácidos grasos puede disminuir los niveles de triglicéridos. Omacor® es el nombre comercial del omega-3 que cubre la sanidad pública en España.
El ejercicio físico de resistencia (correr, nadar, ir en bicicleta) puede resultar igualmente de gran ayuda.
Un estudio sobre el efecto del ejercicio físico y la testosterona en el que participaron hombres con VIH encontró que la testosterona reduce los niveles de colesterol HDL, algo no deseable para las personas con lipodistrofia que ya tienen niveles elevados de triglicéridos y colesterol LDL.
Aunque el grupo que tomó testosterona obtuvo un mayor aumento de la musculatura y más pérdida de peso, los niveles de HDL se incrementaron en el grupo que hizo ejercicio sin testosterona, lo que parece más apropiado para las personas con VIH y lipodistrofia.
Hay que tener en cuenta en el caso de deportistas más habituales, que los esteroides anabolizantes, derivados sintéticos de la testosterona, pueden incrementar la masa muscular, pero a su vez reducir grasas, lo que puede empeorar la lipoatrofia y los niveles de lípidos.
Resistencia a la insulina
Otra complicación que puede ocurrirnos con la edad, el sobrepeso y el uso de ciertos fármacos es la elevación de la glucosa en sangre. El daño hepático o la coinfección por hepatitis C, el sedentarismo, la hipertensión, los niveles altos de lípidos en sangre y la lipodistrofia son también factores de riesgo para experimentar elevaciones de glucosa.
La glucosa es un tipo de azúcar. Los azúcares son necesarios para el organismo pues aportan energía. La insulina es una hormona que los procesa para que puedan entrar en la célula y convertirse en energía.
La insulina, asimismo, regula la producción de glucosa en el hígado, sus niveles en la sangre, así como aspectos metabólicos de las células grasas.
La resistencia a la insulina es el término que se emplea cuando este sistema deja de funcionar correctamente. A pesar de que el organismo produce más insulina para compensar, si la resistencia continúa, y los niveles de glucosa permanecen elevados, puedes acabar desarrollando diabetes de tipo 2.
La diabetes de tipo 2 es una enfermedad que se desarrolla lentamente, pero cuyas consecuencias para la salud pueden ser muy serias. Algunos inhibidores de la proteasa pueden contribuir a incrementar los niveles de glucosa y el riesgo de diabetes.
Los niveles de insulina son difíciles de medir, pero con los de glucosa suele hacerse de forma rutinaria. Al igual que ocurre con el colesterol y los triglicéridos, para poder detectar posibles aumentos es importante que estés en ayunas cuando vayas a hacerte un análisis.
Si te han diagnosticado resistencia a la insulina, puedes prevenir que desemboque en diabetes reduciendo la cantidad de calorías en tu dieta y evitando tomar azúcares, ciertos carbohidratos como la harina blanca y la patata, y comida basura en general.
En cambio, otros carbohidratos más complejos como el pan o la pasta de harina integral, así como muchos vegetales, aportan energía con mayor lentitud y con un menor impacto en los niveles de azúcar.
La práctica de ejercicio físico y el dejar de fumar también pueden ser de gran ayuda. Cuando todas estas medidas no sean suficientes, tu doctor puede optar por recetarte antidiabéticos orales, que, como en el caso de los fármacos para reducir lípidos, pueden requerir algún ajuste de dosis.
El uso de metformina puede ser beneficioso para las personas con resistencia a la insulina e hipertrofia, mientras que rosiglitazona o pioglitazona pueden ayudar a las que tienen resistencia a la insulina y lipoatrofia, pese a que su empleo con los antirretrovirales es complejo, por la posibilidad de interacciones.
Los principales síntomas de los niveles altos de glucosa o de la diabetes de tipo 2 son: